La Luna es la única carta del tarot de Marsella en la que los protagonistas son animales, sin que haya figura humana o mitológica que intervenga: dos canes y un crustáceo.
La carta se divide en cuatro planos: el estanque de agua, donde se encuentra el crustáceo; el paisaje en el que ladran los canes; las dos torres al fondo y a los extremos; y la zona superior donde brilla la luna. Este plano, que podríamos llamar celestial, aparece también en la carta de El Sol, siendo su par más evidente, pero también en cartas como El Enamorado o El Juicio, y de una manera diferente en La Estrella e incluso en La Torre.
La noche de la Luna no es oscura y los colores de sus rayos, aunque diferentes, son tan cálidos como los del sol. La Luna es revelación, la luz que solo puede brillar en la oscuridad, la luz que proviene de una fuente oculta y que alumbra el camino.
En la representación convencional de los cuerpos celestes, el Sol nos mira de frente y la Luna, de perfil. La Luna dirige su mirada hacia un tercer objeto o zona, casi siempre hacia abajo, como es el caso en el tarot, y con su mirada, dirige nuestra atención. No se trata de ella, no se trata de nosotros, sino de algo más.
El crustáceo se encuentra en la reserva de agua, y según miremos el estanque como una representación aérea del espacio o una visión en vertical, lo podemos ver en la superficie o en la profundidad. Puede que flote, puede que ascienda. Quizás los dos. Este representa lo oculto y simboliza la fuerza interior que extiende sus pinzas, una fuerza que quiere emerger, pero sin perder su carácter reservado. Se trata de una especie de implosión que, de manera sutil, se infiltra entre los dos canes que aúllan.

Toda la fuerza interior fluye de adentro hacia afuera, aunque sin emerger completamente. Esta fuerza impulsa el movimiento del cangrejo a partir de sus núcleos. Además, la intuición que se manifiesta en este proceso no solo brota desde el interior, sino que también se recibe desde afuera, bajo la iluminación de la luna.
La noche se revela en el interior, en el estanque azul que acoge al cangrejo. Mientras tanto, en el exterior, todo está iluminado. Predomina el azul tanto en la base inferior como en la superior, mientras que la zona media dorada sugiere la noción de receptividad. Así, se entretejen emociones intuitivas que se movilizan constantemente.

