Quiero abrirte un poco mi propia experiencia con el journaling con el tarot, porque yo misma he hecho este curso y lo he seguido paso a paso.
Y lo que descubrí con La Papisa en el programa de escritura con el tarot,me sorprendió más de lo que imaginaba. Esta arcana me preguntó: ¿Qué dones te gustaría tener?
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Antes de sentarme a escribir, frente a la pregunta de La Papisa, pensé que lo que iba a surgir sería algún tipo de deseo místico o mágico. Pensé que mi anhelo sería algo así: leer los sueños, ser vidente, sanar con las manos, tener algún tipo de poder oculto… Pero cuando finalmente me detuve, miré la carta de La Papisa y me puse a escribir, lo que surgió fue otra cosa.
Lo que descubrí, con mucha claridad, fue que mi verdadero anhelo era crear algo bello.
Ese era mi “poder oculto”: la necesidad de generar belleza. Al escribirlo me di cuenta de que, en el fondo, eso es lo que más profundamente deseo. Sin embargo, conscientemente, puedo asociar lo bello con lo frívolo en determinados contextos; pero este ejercicio me dio la validación interna para expandir mi necesidad de belleza no solo a contextos formales o profesionales, sino también a mi vida cotidiana.

Lo bello, lo delicado, la elegancia y la sofistificación no como algo reservado a ciertas situaciones o personas, sino como una expresión natural de la capacidad humana de reflejar lo sublime de la naturaleza.
Y ahí se abrió un caudal de cosas: entendí que lo que busco es conectar a otros con lo sublime, con lo sensorial, con lo estético y lo espiritual al mismo tiempo. Sentir con intensidad la experiencia de lo bello, y ayudar a otros a reconocerlo también: en un objeto cuidado, en una comida servida con armonía, en la forma de vestirse con algo que hace sentir pleno, en el gozo de contemplar lo que es hermoso y verdadero.
Esa revelación me conmovió porque me ayudó a confirmar un amor que siempre ha estado en mí: mi amor por lo estético, por lo bello, por lo elevado y lo dulce. No en vano he dedicado mi vida al estudio del arte, las imágenes, los símbolos, las alegorías, y más recientemente, a la belleza del tarot. Esta práctica me dio permiso para darle más espacio, más valor, más presencia en mi vida a la belleza: desde lo espiritual hasta lo cotidiano.

La verdad que me mostró La Papisa
Ese día La Papisa me mostró algo que yo sola no había podido nombrar. Y al escribirlo, lo entendí con claridad: para mí la experiencia estética es también una experiencia espiritual. Y ahora lo vivo con más conciencia, como una brújula.
Esto es lo que me gusta del método que comparto contigo: no te lleva a teorías ni a significados generales. Te abre puertas personales, únicas, íntimas. Lo que La Papisa me reveló a mí no será lo mismo que te revele a ti, pero el proceso es siempre el mismo: contemplar, dejar que la imagen trabaje en ti, y escribir hasta que la palabra se abra.
Eso es lo que encontrarás en 22 días de journaling con el Tarot: 22 jornadas, 22 cartas, 22 revelaciones íntimas que pueden transformar la manera en que te miras y te vives.

