Esta es una carta que representa la acción, el impulso y la fuerza incisiva simbolizada por el cetro que se empuña con determinación.
En cuanto a los colores, se percibe un equilibrio, aunque el azul predomina, estableciendo un contraste dinámico con los tonos cálidos y energéticos del rojo. El sombrero coronado, en este caso, cierra sus alas. A diferencia del Rey de Copas, cuyas alas permanecen abiertas y extendidas, aquí las alas se repliegan sobre sí mismas, formando una figura que evoca el símbolo del infinito, marcando el cierre de un ciclo.

El impulso que define esta carta se orienta directamente hacia la acción. No se trata ya de recibir ni de ofrecer, sino de actuar, de llevar a cabo decisiones con un dominio total de la fuerza interior. Este dominio se combina con una evaluación clara y precisa de las circunstancias que rodean al personaje.
La fuerza impulsiva del rojo, que anteriormente se ocultaba bajo el manto azul de La Papisa, emerge aquí con protagonismo. Este rojo corona la cabeza del personaje en la parte delantera del sombrero, guiándolo hacia adelante. Sin embargo, el azul, que representa el sosiego y el intelecto, sigue presente. Aunque relegado a un segundo plano, enmarca al personaje y proporciona un trasfondo de equilibrio y reflexión que modera la intensidad de la acción.



