El retrato de Elena Anguissola y La Papisa del tarot

El Retrato de Elena Anguissola vestida de monja (1551), realizado por Sofonisba Anguissola, constituye una de las imágenes más singulares del Renacimiento europeo. No solo por tratarse de una obra creada por una de las pocas mujeres pintoras reconocidas de la época, sino también por la profundidad simbólica que encierra al representar a su hermana Elena, quien eligió la vida religiosa.

Retrato de Elena Anguissola vestida de monja (1551),  Sofonisba Anguissola
Retrato de Elena Anguissola vestida de monja (1551), realizado por Sofonisba Anguissola

La pintura muestra a Elena ataviada con el hábito monástico, sosteniendo un libro entre sus manos. La sobriedad de la vestimenta, la serenidad del rostro y la composición equilibrada remiten a una iconografía sagrada, propia del retrato devocional renacentista. Sin embargo, la obra va más allá de una simple representación religiosa: se trata de un retrato íntimo, familiar y profundamente humanista.

La Papisa en el Renacimiento

La Papisa. Tarot de Visconti-Sforza. Bonifacion Bembo, circa 1450

Uno de los aspectos más sugerentes de la imagen es su cercanía simbólica con la figura de La Papisa del tarot, especialmente en los primeros mazos renacentistas y, posteriormente, en el modelo francés del Tarot de Marsella. El libro, el porte solemne, la sensación de recogimiento intelectual y espiritual evocan a este arcano mayor, tradicionalmente asociado con el conocimiento oculto, la sabiduría femenina y la autoridad espiritual. La composición casi “aurática” del retrato refuerza esta conexión, situando a Elena en un espacio donde lo sagrado y lo intelectual se funden.

Este paralelismo no es casual. Tanto Elena como Sofonisba encarnan una feminidad que desafía los límites impuestos por su tiempo. Elena, como monja, accede a un ámbito de estudio y reflexión que muchas mujeres tenían vedado; Sofonisba, como pintora, logra reconocimiento en las cortes italianas y españolas, afirmándose en un mundo dominado por hombres. Ambas conjugan feminidad, santidad, creación intelectual y presencia pública sin renunciar a su identidad.

Arte, espiritualidad y poder femenino en un mundo de hombres

Así como La Papisa del tarot ocupa simbólicamente un lugar de poder espiritual que le es negado en la estructura oficial, Sofonisba y Elena reclaman y habitan espacios históricamente excluyentes. En este sentido, el retrato se convierte en una imagen de afirmación: mujeres que piensan, crean y son reconocidas, aunque deban hacerlo desde márgenes cuidadosamente negociados.

Resulta especialmente significativo que esta imagen sea una mujer pintando a otra mujer. En un contexto artístico mayoritariamente masculino, el retrato adquiere una dimensión casi subversiva. No es solo la representación de una monja, sino la mirada de una artista que reconoce en su hermana a una figura de inteligencia, dignidad y autoridad simbólica.

Finalmente, lo más interesante de esta obra es su aparente fidelidad iconográfica a los modelos de la época, que esconde, sin embargo, una lectura alternativa y profundamente moderna. Bajo la apariencia de un retrato religioso convencional, Sofonisba Anguissola introduce una reflexión sobre el lugar de las mujeres, el conocimiento, la espiritualidad y la creación artística. Un gesto silencioso, pero poderoso, que sigue dialogando con nosotros siglos después.