¿Cómo cultivar la paciencia cuando la vida pone a prueba nuestro sistema nervioso? ¿Cómo domar la ansiedad y la impulsividad de querer resolverlo todo de inmediato? ¿Cómo aceptar la impotencia de no poder hacer lo que quisierámos hacer?
El tarot de Marsella respondió con La Rueda de la Fortuna, La Emperatriz y El Loco. En ellas encuentro tres energías fundamentales. La primera es la de La Rueda de la Fortuna, con esa fuerza superior, imparable: la rueda cósmica, la rueda del destino. Representa el fluir, el cambio de la vida constante, permanente e implacable.
Luego está la energía de La Emperatriz, que la siento muy sólida, estable, centrada y serena. Muy tranquila y terrenal, pero también cómoda y confortable. No hay rigidez ni hipervigilancia, sino una paz tranquila en su trono, con sus posesiones.
Y, finalmente, la energía de El Loco. Es la energía de quien acepta su propia ignorancia, su impotencia, su precariedad, porque nada de eso le impide avanzar. Nada de eso le impide seguir hacia adelante.

¿Cómo cultivar la paciencia con la energía de La Emperatriz?
La Emperatriz, en este caso, es el estado interno que permite conectar con nuestro centro. Es el eje que articula esta tirada, con La Rueda de la Fortuna a la izquierda y El Loco a la derecha.
La paciencia no es esperar. La paciencia es un estado activo, pero sereno, que activa nuestra energía de creación y gestación interna si nos damos el permiso.
La tirada presenta cartas dinámicas. Incluso La Emperatriz, sentada en su trono, emana el poder de mando y acción. Los arcanos presentes no hablan de resignación, sino de movimiento, decisión y fuerza, tanto interna como externa.
La Emperatriz señala que la paciencia es volver al territorio que se domina. La Emperatriz es reina de un espacio, y con su presencia nos invita a volver a nuestro, sentarnos, enfocarnos y tomar posesión de nuestro cetro y de nuestro escudo.
La paciencia es volver al territorio que nos pertenece, sea real, simbólico, interno, externo, o todo a la vez. Es ocupar nuestro territorio, desplegar nuestra creación y nuestro poder de acción en este espacio, que nos ocupa y que ocupamos.
Por muy pequeño que sea, cada persona tiene siempre un espacio de soberanía y margen de autonomía. El más evidente es la soberanía interna: cómo pienso, cómo me siento, cómo decido actuar o reaccionar. Dependiendo de cada persona y cada contexto, ese espacio puede ampliarse a límites externos más o menos amplios. Pero, definitivamente, todos tenemos un territorio soberano que va de adentro hacia afuera.
La Emperatriz nos dice: «Vuelve». Es recuperar ese trono, ese centro, y conectar con esas potencialidades, con esos poderes que son nuestros. Es tomar posesión de nuestro cetro, del mundo que nos pertenece, tomarnos la corona y este trono. Incluso con una especie de alas desplegadas, que recuerdan un poco a las de la Templanza, pero aquí más concentradas, más en potencia.
En esta tirada, las palabras foco, centro y soberanía son sumamente importantes. Se trata de recuperar el foco, recuperar el centro y recuperar nuestro espacio de soberanía. Y una vez que estemos ocupando ese espacio, ese territorio, entonces actuar y crear desde ahí. La Emperatriz nos habla de concentrarnos en aquello que nos pertenece, que nos ocupa, y a partir de ahí actuar, crear, potenciar y ocupar todo ese espacio soberano.
La Impaciencia y el Cambio de Foco
Casi siempre, la impaciencia parte de un estado de desesperación. Hay una cierta frustración porque ciertos eventos o situaciones no suceden de la manera o con el ritmo que quisiéramos. Y eso suele pasar porque esas situaciones escapan de nuestro control.
Repito: la paciencia no es sentarnos a observar cómo esos eventos se desarrollan, para que la frustración sea aún mayor. Sino que es cambiar el foco. Los eventos serían un poco como la Rueda de la Fortuna, que está a la izquierda de la Emperatriz. Lo primero es recuperar ese foco, recuperar ese centro, y desplazar la atención de lo que escapa, de lo que nos supera, hacia lo que está en nuestro control. Eso puede ser algo completamente diferente.
Queremos que un evento A se desarrolle de una manera determinada y no podemos hacerlo. Pues quizás lo que tenemos que hacer es cambiar el enfoque hacia un evento B. A veces ni siquiera se trata de gestionar o cambiar la percepción sobre el evento A; a veces hay que simplemente darle la espalda y enfocarnos, repito, en el territorio, en los sucesos, eventos, reacciones y acciones que sí están en nuestro total y completo control.
Esto, primero, va a dar un estado de serenidad y confianza. Nos va a permitir reconectar con nuestro poder. Vamos a conectar con lo que sí nos pertenece, lo que sí tenemos bajo control, lo que sí podemos cambiar. Y eso de por sí nos saca de ese estado de frustración e impotencia. Nos empodera y recupera la confianza en uno mismo y en la capacidad de acción y creación personal.
Luego, desde ese lugar, podemos continuar creando, proyectando, gestando la vida, sin que la frustración por aquello que no está sucediendo como queremos nos domine o nos embargue, eclipsando toda nuestra vida. Porque eso que está pasando es una parte de nuestra vida, no toda. Hay que redireccionar la energía hacia nuestra soberanía, nuestro territorio, hacia nuestra autonomía.
Entendiendo la Rueda de la Fortuna
Y esto es de lo que habla la Rueda de la Fortuna. Hay eventos, situaciones dinámicas que forman parte de un movimiento que nos supera totalmente como individuos. No responden a nuestra voluntad, a nuestro deseo personal, ni a una proyección específica que tengamos de la vida. La dinámica funciona como una gran rueda cósmica, donde somos una pieza más en el puzzle. No somos ni la pieza central ni la más importante. Estamos cumpliendo un rol, una función que responde a las necesidades del sistema, no a nuestras necesidades personales.
Hay que entender estos dos espacios: el movimiento del territorio de soberanía personal (que ocupa la Emperatriz) y el ritmo de ciertas fuerzas, eventos y dinámicas que nos superan por completo. Nos condicionan, nos afectan, nos impactan directamente, pero están por completo fuera del poder de la voluntad.
Hay que observar esa diferencia entre mi territorio soberano y el lugar que ocupo en una dinámica, humana, natural, universal, celestial, como queramos llamarla, que me trasciende. Hay que tener la capacidad de ver esas dos dimensiones propias de la experiencia humana: la individual y la trascendental.
Lo que nos trasciende, lo que forma parte de una fuerza mayor, con un carácter cíclico, no es un problema de aceptarlo o no, ni de gestionarlo o cambiar la percepción. Se trata simplemente de ver que eso existe, que formamos parte de ello y que así funciona. Cuando hay determinados eventos, hay que entender si lo que está pasando forma parte de una dinámica de rueda cósmica o si forma parte de mi territorio soberano y personal.
Distinguir estos dos planos es fundamental para saber cuándo tengo el poder de cambiar los sucesos y cuándo no. La paciencia no es una espera, no es una resignación frustrada, no es un cambio de percepción. Tiene que ver con ubicarnos correctamente en el espacio y el rol que corresponde cuando estamos frente a fuerzas que nos trascienden y nos superan.
Sabemos que nuestro rol es el de formar parte, lo queramos o no. El rol que nos corresponde ya está asignado. Las fuerzas ya están en marcha. Es ubicarnos correctamente, darnos cuenta de que estamos ocupando un lugar dentro de un sistema mucho más grande, del cual no somos ni el centro ni la pieza más importante.
Ocupando el Trono de la Emperatriz
Luego, en otras situaciones, podemos ocupar el territorio de la Emperatriz. Cuando lo que está pasando nos interpela directamente, nos atañe y está dentro de los límites de nuestro territorio soberano, ahí sí ocupamos el rol de la Emperatriz. Y como emperatrices o emperadores que somos, con nuestro poder, hacemos todo lo posible para transformar, cambiar, actuar, decidir, mirar, percibir y cambiar lo que sea que haga falta. Porque esa situación está dentro de nuestro territorio autónomo. Ahí sí somos la pieza principal y la más importante.
El problema surge cuando intercambiamos estas dos dimensiones, estos dos territorios, cuando no somos capaces de distinguir si estamos dando vueltas en la rueda o si está pasando algo dentro de nuestro territorio. Por eso es tan importante este primer movimiento de conectar con la energía de la Emperatriz.
Al querer ser emperatriz o emperador de una situación, nos vamos a dar cuenta si realmente podemos ocupar ese trono o si solo somos una pieza más del engranaje. Si podemos ocupar el trono en la situación, pues actuamos, la cambiamos y hacemos lo que tengamos que hacer. Si no es el caso, miramos y observamos la situación desde el punto de vista del sistema, no desde nuestro punto de vista personal.
Si se tiene que cambiar la manera en que se analiza y se experimenta la situación, el marco con el que se analiza, es al darnos cuenta de que es la Rueda de la Fortuna la que se está activando. Entonces, formamos parte de un sistema que tiene sus propios objetivos y necesidades, que nos trasciende por completo y que a veces ni nos tiene en cuenta. Tenemos que cumplir un rol, el que tenemos asignado, y muchas veces no tenemos capacidad de acción para salir de ahí.
La paciencia no es esperar. La paciencia es un cambio de foco, un cambio de territorio. Es un cambio casi físico, aunque ocurra de manera simbólica. Un cambio espacial que puede ser interno o, a veces, literalmente externo: salirnos de ciertas situaciones y eventos porque no podemos cambiar ese sistema. No nos pertenece, no tenemos poder ni potestad en esa dinámica.
A veces literalmente tenemos que salir de ciertos espacios, situaciones o eventos porque, no importa cuánto «esperemos» o cuánto hagamos, realmente no somos nada para ese sistema. Nuestra acción no determina su funcionamiento; nosotros estamos siempre al servicio del sistema. A veces, la única vía de solución implica salir de ciertas dinámicas.
Y cuando no se puede salir –porque estamos hablando de situaciones que nos rodean y de las cuales no podemos o no queremos escapar–, pues entonces hay que cambiar el foco. Buscar dentro de ese sistema, replegarnos quizás un poco, salir de la voluntad de querer cambiar el sistema, de querer que la rueda gire en otro sentido. Se trata de recuperar, de replegarnos, de cambiar la dirección hasta que encontremos ese territorio, ese trono que solo es nuestro. Porque sentados allí sí tenemos poder de acción y de decisión.
El Loco: La Capacidad de Avanzar
Todo esto nos va a permitir conectar con el Loco. Esta carta me sorprende, porque en esta tirada la paciencia no es para nada pasiva, es muy activa. El Loco, como figura a la derecha, hacia el futuro, representa la solución final. Es la energía del impulso. Es también la capacidad de hacer lo que podemos hacer con las condiciones que tenemos.
De alguna manera, es no esperar, porque el Loco no espera a que las condiciones sean perfectas o ideales. Aquí también es importante no confundir la paciencia con conformismo, con previsión, con un perfeccionismo excesivo o con resignación. Por supuesto que no.
Cultivar la paciencia y ser una persona paciente no se trata de serlo solo en determinados momentos, sino de abrazar la paciencia como un estado natural. Al ser pacientes, primero distinguimos: ¿esto es una situación de Rueda de la Fortuna o una situación de Emperatriz? Y luego, una vez que tenemos claro cuál de estas dos posiciones es la que nos corresponde, nos animamos a encarnar la figura del Loco.
En este caso, tiene que ver con la capacidad de actuar aún cuando el resultado es incierto, aún cuando las condiciones no son las mejores, y aún cuando lo que necesitamos hacer no se está dando de la manera en que queríamos que fuese. Este es quizás el matiz particular de esta carta en esta tirada: el hacer lo que tenemos que hacer.
O no hacer lo que no tenemos que hacer, aunque no nos guste o no estemos de acuerdo. El Loco no tiene ninguna resistencia, no pone peros. Acepta que su camino puede ser difícil, lento, precario e incierto. De hecho, es todo esto. Pero eso no le impide avanzar y hacer lo que tiene que hacer.
La paciencia también es esto. Puede verse como un tercer estado. La paciencia es la capacidad de ocupar un trono cuando podemos ocuparlo, y también de ocupar la energía del Loco, del vagabundo, del peregrino, cuando las condiciones que tenemos solo nos permiten avanzar como un loco, como un vagabundo.
Aquí la paciencia nuevamente tiene que ver con la aceptación, que no debe confundirse con resignación. Porque la resignación inmoviliza y frustra, mientras que la aceptación es el primer estado para poder avanzar. Es el «sí» que nos permite avanzar frente a una situación, sea la que sea.
A veces, ser paciente es saber que las condiciones ideales nunca van a llegar. Ser paciente es saber que tenemos que hacer lo que estamos haciendo de manera lenta, quizás dolorosa, complicada o más difícil de lo que nos gustaría. Y que no todo va a ser ni tan rápido, ni tan perfecto, ni tan ideal como quisiéramos. Pero que tampoco hace falta que lo sea. Con estas condiciones mínimas y nuestra voluntad de seguir, es suficiente para avanzar en el camino. E incluso se puede avanzar de manera más ligera, más libre, que si tuviésemos todas las condiciones precisas.
Tres Estados, No un Camino Único
Digamos que son estos tres estados. Más que un camino, se trata de discernir cuándo nos encontramos en cualquiera de estas tres situaciones:
- Cuando somos parte de la gran Rueda de la Fortuna, del destino, de la rueda cósmica.
- Cuando es una situación que nos permite ocupar nuestro trono.
- Cuando es una situación que nos va a exigir aceptar el camino en las condiciones del Loco, y no por ello detenernos ni abandonar el camino.
Esta lectura es muy activa. Habla mucho de creación, avance, impulso, movimiento, discernimiento, claridad y de ocupar el territorio que corresponde según el momento.
Con el Loco, nuevamente, es este camino. Estar dispuestos a avanzar en medio de la maleza. No siempre las condiciones son las ideales, y no importa. Se tiene lo mínimo que hace falta para avanzar. Se tiene, y con eso se avanza, se sigue, se hace el camino. Incluso con eso se disfruta el camino. Vamos construyendo nuestro destino a medida que avanzamos.
Ha sido un mensaje un poco inesperado, bastante activo y muy revelador.




