Estructura, orden y centro con el Emperador del tarot de Marsella

Hace unas semanas te conté lo que descubrí con La Papisa (leer aquí): que mi don más profundo era la necesidad de crear belleza.

Hoy quiero contarte lo que me pasó con El Emperador, porque este ejercicio de journaling con el tarot de Marsella me dejó con más preguntas que respuestas.

Y eso, descubrí, también es una revelación.

El Emperador me preguntó: ¿Cómo te gustaría estructurar tu vida?

El Emperador. Tarot de Marsella de Pierre Madenié, 1709.

Jerarquía, orden, organización, mando, libertad, retiro, exposición, autoridad, anonimato. Esas fueron las palabras que surgieron mientras miraba la carta.

¿Cómo te gustaría estructurar tu vida?

Lo que surgió fue una visión ordenada y hermosa: quería una vida organizada alrededor de la libertad y la flexibilidad. Un centro seguro a partir del cual irradiar y poder moverme en cualquier dirección.

Ser eje sin imposición: guía, maestra, más referencia que ley. Alternar entre el retiro y la exposición, entre el silencio y la presencia. Ser el centro de mi propia vida, de mi propia creación, de mi propio amor y de mi propia abundancia. Una vida concéntrica, cíclica, con el crecimiento orgánico de una composición en espiral.

Hermoso, ¿no?

Rudolf II como Vertumnus (c. 1590–1591) Giuseppe Arcimboldo. El emperador más poderoso de Europa retratado como el dios del cambio y las estaciones. La autoridad soberana compuesta de naturaleza perecedera: lo que parece un centro sólido se revela, al mirarlo de cerca, como una acumulación de cosas que se transforman y desaparecen.

Sin embargo, días después, una frase de Krishnamurti me hizo repensarlo todo. En uno de sus textos1, habla de que el primer paso para la liberación es liberarse del centro mismo, que compara con un poste al cual se está amarrado. Nuestra libertad depende del largo de la cuerda que nos ata. La imagen me detuvo en seco. Porque yo acababa de construir, con mucho cuidado y satisfacción, exactamente ese poste.

Ser mi centro y mi punto de irradiación. ¿No es acaso ese centro fijo, ese punto ideal e inamovible, lo que termina por atarme a un sitio del cual luego no puedo moverme?

Ser eje y ser mi centro, puede ser una forma intelectualmente hermosa de crear mi propia prisión. Mi centro, mi estructura, mi identidad, mi poder: nombres para definir un corsé que termina por limitar el movimiento fluido, expansivo y oscilatorio del ser.

Esa es la verdad que me mostró El Emperador.

El Emperador me devolvió mi respuesta con otra pregunta: ¿qué significa realmente eje, orden y centro para mí? ¿Estructuras que me contienen, o fuerzas que me permiten moverme?

Aún busco las respuestas.

Y creo que tú también puedes encontrar las tuyas.

Te invito a hacer el ejercicio:

El Emperador: la carta de la forma, del orden, del límite y la estabilidad.

Representa lo que da solidez a nuestras vidas: las bases, las reglas, la autoridad que elegimos o rechazamos.

Observa la imagen de la carta con una mirada fresca.

No pienses en significados clásicos ni en palabras clave.
¿Qué te dice?

Ahora, imagina:

¿Cómo te gustaría estructurar tu vida?

¿Con qué jerarquía, con qué orden, con qué organización?

¿Ocuparías un lugar de mando, de libertad, de retiro, de exposición?

¿Qué rol cumplirías tú en esa estructura: líder, colaborador, creador independiente, alma libre, mediador, dador, receptor…?

¿Preferirías la autoridad visible o el poder silencioso del anonimato?

Toma un papel y escríbelo. Escribe como si estuvieras diseñando el plano de una casa que quieres habitar. Dibuja con palabras el mapa estructural de tu vida ideal.

1

Jiddu Krishnamurti: Un esprit calme et silencieux. Vivre, apprendre et méditer Éditions Stock,