La representación explícita del embarazo en el tarot está notablemente ausente. La Emperatriz, y en algunas ocasiones La Papisa, suelen interpretarse como portadoras de este mensaje de “gestación”. No obstante, la imagen de una mujer visiblemente encinta no suele aparecer en los mazos clásicos del tarot.
Este fenómeno es un fiel reflejo del contexto histórico europeo en el que nació el tarot durante el Renacimiento. La ilustración del embarazo se convirtió en un tema tabú y “embarazoso”, pues el vientre de una mujer gestante aludía inmediatamente al acto sexual que lo había hecho posible.
La maternidad, si bien era glorificada como la función principal de la mujer en la sociedad, era un asunto doméstico y privado, vergonzoso en su proceso y pecaminoso en su origen.

La maternidad se glorificaba como concepto (función social) pero se ocultaba como proceso físico (realidad corporal).
Habrá que esperar al siglo XX para que el arte genere de manera masiva y explícita, retratos de mujeres embarazadas, y lo que esto implica para el cuerpo femenino.
En el tarot ocurre, pues, un fenómeno tan peculiar como representativo de este doble discurso frente a la gestación. El significado de la maternidad existe (creación, fertilidad, abundancia) y se atribuye a ciertas cartas a través de símbolos, pero nunca de manera literal.
La Emperatriz, con su corona y cetro, representa la fertilidad y la creación, pero no aparece embarazada. La Papisa ofrece un contraste, simbolizando lo misterioso y virginal. Juntas, muestran dos caras de lo femenino, pero ambas evitan la figura de la madre de manera explícita. Otros arcanos, como la Estrella (que vierte agua como símbolo de vida) o el Sol (con la presencia infantil), hablan del resultado, pero nunca del proceso físico en sí.
Algunos especialistas interpretan el ligerísimo vientre de La Estrella como indicador de embarazo. Ante esto, hay que tener en cuenta que estas imágenes pertenecen a una época que representaba aún las curvas del cuerpo femenino sin la extrema estilización de etapas posteriores.

La ilustración del vientre natural de una mujer desnuda no es necesariamente una imagen deliberada del estado de gravidez. No obstante, si tal tesis fuera cierta, es innegable la sutilidad con la que se alude a este estado, sublimándolo en contraste con su crudeza biológica.
La maternidad en el tarot es, por tanto, un concepto poderoso, pero siempre representado de manera arquetípica y simbólica, nunca directa.
La figura de la Madre se ha fundida con otras, principalmente con el de La Emperatriz, que en su rol de reina coexiste con la de madre, y creadora. Solo en los mazos contemporáneos comenzamos a ver una ruptura de este tabú secular, reflejando una nueva mirada sobre el cuerpo y la experiencia femenina, y social, de la maternidad.
¿Qué podríamos decir pues, de la figura arquetípica del padre en el tarot?
