¿Cómo cultivar el amor propio? El oráculo de Le Petit Lenormand respondió con el Corazón, los Caminos y el Anillo. Esta lectura nos ofrece una profunda reflexión sobre la naturaleza interna del amor propio, su activación a través de las decisiones diarias y el compromiso constante que requiere nutrirlo, invitándonos a un viaje de conexión emocional y autenticidad.
El Corazón como Fuente y Sentimiento
La primera carta, el Corazón, nos remite directamente al concepto de amor propio. El amor nace, se genera, vive y reside en el corazón. Esto puede parecer una evidencia, pero no necesariamente lo ponemos en práctica. El amor propio se siente con el corazón. Podemos de manera intelectual, racional o consciente saber de qué somos capaces, ser conscientes de nuestro valor y tener claras nuestras virtudes y potencialidades. Pero puede que, aunque lo «sepamos», no necesariamente lo sintamos. Por lo tanto, cultivar el amor propio es cultivar un estado, una sensación, una dimensión del ser que nace, vive y muere en el corazón. Se siente, no se sabe.
Esta dimensión emocional e interna nos dice también que el amor propio reside dentro nuestro; no depende de situaciones, contextos, personas ni realizaciones externas. Podemos tener las condiciones más favorables y aun así no sentirnos amados o merecedores de amor, porque no nos amamos a nosotros mismos. Al mismo tiempo, podemos tener las condiciones más desfavorables y personas hostiles alrededor, y sin embargo, tener un calor interno que nos permita sentirnos amados y merecedores de amor, porque lo hemos cultivado desde dentro. Hay que volver al mundo interior y conectar profundamente con el mundo emocional.
¿Cómo cultivar el amor propio a partir del corazón? Hay que volver también a sus heridas internas, para que pueda florecer. Este corazón no es un espacio utópico. Es como un corazón rodeado de rosas: hay belleza, pero también espinas para defenderse, ya sea por agresiones vividas o previstas. Es un corazón hermoso, redondo, rojo y pleno, con toda su complejidad. El amor propio es volver a esa complejidad interna e ir conectando y limpiando cada una de sus capas, pero desde la emoción y lo que se siente.
El amor propio no se cultiva a base de racionalización, conversación o conquistas externas que validen nuestro valor. Nace; es una fuente. No es algo que haya que cultivar, sino algo con lo que hay que conectar. No es una fuerza que se nos dé o que podamos inyectar; es algo que está ahí y que hay que activar. La pregunta debería ser más «cómo activar el amor propio», porque siempre está y ha estado ahí. Puede estar muy oculto, herido, escondido o menospreciado, pero no se llena desde fuera, ni con voluntad, argumentos racionales o logros externos. Es un viaje hacia adentro, hacia la conexión con lo más profundo y complejo de nosotros mismos; con ese carácter auténtico y excéntrico que es nuestra esencia más pura y no contaminada por las demandas externas. Esa pureza es compleja: hay rosas, espinas y latidos. Es primigenia y es la fuente.
Más que con actos de bondad o listas mentales, lo que permite una activación directa de esa energía amorosa viene de una introspección emocional muy fuerte, que no es intelectual, sino una conexión con nuestro mundo emocional. Mientras más conectemos con nuestras emociones, sensaciones, desagrados, alegrías e ilusiones, vamos despejando el camino hacia ese corazón interno que se sabe y se siente capaz de amar y ser amado, porque sabe que su sola existencia merece amor, porque él mismo es amor. Pero hay que llegar a ese punto.
Los Caminos y las Decisiones Cotidianas
¿Cómo se llega a ese punto? Ahí está la carta de los Caminos, que habla de decisiones. Refuerza el sentido del viaje, pero tiene que ver con la toma de decisiones. Cada día estamos en un constante flujo de decisiones: qué hacemos, qué comemos, cómo respondemos. Esta carta habla de convertir todos esos momentos decisivos en actos de amor hacia uno mismo.
Esto significa que cada decisión, por pequeña que sea, debe tener como base el amor hacia uno mismo. Al decidir qué comer o qué ropa ponernos, debemos preguntarnos: ¿cuál de estas opciones representa un acto de amor hacia mí? ¿Con cuál me estoy amando? Hacer este ejercicio cotidiano nos permite conectar de manera directa, honesta y sencilla con nosotros mismos, con lo que queremos y lo que no, y empezar a respetar nuestros deseos, límites, ilusiones y dolores. Es un acto reflexivo constante que nos permite tratarnos con el respeto y el amor que merecemos, pero que hemos desactivado con los años.
Siempre que haya libertad para decidir, el primer elemento en el que debemos pensar es: entre estas opciones, ¿con cuál de ellas me estoy amando más? ¿Con cuál estoy conectando con mi amor interno? Esto no solo activa el amor propio, sino que simplifica la toma de decisiones. Muchos dilemas se descartan al ver que no son decisiones que nos permitan amarnos. Y no se trata de elegir lo fácil; a veces las decisiones difíciles son las que más nos aman y respetan, y sabemos que nos llevan a un trayecto de más amor, paz y respeto. El camino correcto es el que más nos acerca a nuestro corazón, lo respeta, potencia y activa.
Se trata de cultivar esto en el día a día, en los aspectos banales que constituyen el 90% de nuestra vida. Así, cuando lleguen las grandes decisiones y encrucijadas complejas, ese corazón ya estará activado, reconocido y acostumbrado a actuar por sí mismo, por su amor y su capacidad de amar.
El Anillo del Compromiso Constante
Por último, la carta del Anillo nos habla de compromiso. Este proceso de activación del corazón y de toma de decisiones con el corazón no es fácil. Se necesita un sentido de compromiso, responsabilidad y perseverancia constante hacia uno mismo. Activar el amor hacia uno mismo no es algo que se logre un día y ya esté activo para siempre. Es un trabajo continuo, una disciplina constante.
En el momento en que nos olvidemos del corazón, en que dejemos de tomar decisiones que honren nuestro amor interno y prioricemos otras cosas, ese camino se pierde y el amor interno empieza a desvanecerse, ocultarse y quedar sepultado. El Anillo cierra esta lectura diciendo que esto es un acto constante de activación, alimentación, cultivo y expansión del amor interno, que luego se refleja en nuestro mundo exterior. No podemos pensar que es un proceso con un final; todo el tiempo tenemos que estar cultivando y haciendo ese camino de ida y vuelta hacia nuestro corazón.
Ese compromiso es el mayor que tenemos con la vida: amarnos a nosotros mismos para luego poder amar a los demás. Es constante y hay que estar renovando esos votos, haciendo una renovación perpetua de actos de amor hacia uno mismo. La base de nuestras acciones debería ser este amor, primero hacia uno mismo y luego hacia los demás.
Es un camino de aprendizaje flexible, que se va transformando, ampliando y mutando. Hay una fluidez, como la migración constante de los pájaros en la carta de los Caminos, sobre lo que significa amarnos y cómo proyectar ese amor. Por eso la importancia del Anillo: la responsabilidad y el compromiso hacia uno mismo en este viaje. Es un proceso de activación constante, como la nutrición; un ciclo que hay que repetir y mantener, porque si no, se agota. Para que las flores del corazón, esa expansión, se multiplique y sea constante, hay que estar cultivándolo y profundamente comprometidos con este proceso continuo de amarnos todos los días.



