El verano, o el invierno según el hemisferio, es sin duda una estación poderosa, regida por los astros celestes más importantes en el sistema astrológico: la Luna, en julio con Cáncer, y el Sol, en agosto con Leo.
Hoy quisiera destacar el mito de la Luna desde el prisma de una tradición transatlántica, la cultura maya. Esta comparación permite abrir un espacio de contraste y diálogo con la mitología grecorromana.
En la cultura maya, la diosa de la Luna es Ix-Chel, esposa del Sol, que suele representarse en dos formas: como una joven doncella o como una anciana severa y peligrosa. Es la diosa de la fertilidad y de la lluvia, de las aguas y de los tejidos entre los mayas.
Es precisamente el arquetipo de la abuela el que quiero resaltar. Como portadora de una sabiduría profunda, transmisora de los saberes antiguos y contenedora de la memoria colectiva, puede inspirarnos a conectar con nuestras raíces en este ciclo lunar.
Allí donde la Luna, en la tradición occidental, es símbolo de lo oculto, lo confuso y lo denso, podemos invocar la visión penetrante de la anciana ancestral maya: la capacidad de atravesar generaciones, sostener con paciencia el legado y revelar con gracia y firmeza un poder que se hereda.
En la tradición maya, la diosa en su versión anciana no es solo benévola. También es iracunda y cruel, capaz de castigar con desenfreno: señora de los diluvios que arrasan y de la lluvia que fecunda. Encierra así la polaridad de creación y destrucción, recordándonos la fuerza cíclica de la naturaleza y lo femenino.
Luna, madre, fecundidad y poder celestial se entrelazan en un tejido simbólico que nos invita a mirar más allá de lo evidente. Este mes de julio aprovechemos la energía de la Luna, a la vez protectora y ambigua, que nos llama a sumergirnos en la memoria ancestral, a abrazar la complejidad de lo femenino y a reconocer la fuerza de los ciclos vitales que nos atraviesan.
La Luna
La Luna te invita a conectar con tu fuerza interna y con las corrientes ocultas que te movilizan de forma silenciosa e insconciente.
Aúlla a la Luna como quien celebra su propia divinidad, honra tu capacidad creadora y reconoce tu instinto destructor.
Permite que en estos días tus aguas internas refresquen tu ser.
Reflexión del Día :
- ¿De qué manera puedes integrar lo oculto en tu vida diaria?
- ¿A qué le temes más: a tu capacidad de crear o a la de destruir?
