¿Qué es el journaling?
Es el acto de poner por escrito nuestro día. El journaling definitivamente habla de dos cosas: escribir, pero sobre todo de lo diario y cotidiano. El journaling es una palabra del inglés que viene de journal, que viene de jour, que en francés significa día. Más que un compromiso, el journaling puede ser un regalo que nos hacemos todos los días de poner por escrito las ideas que tenemos.
Podría preguntarse: ¿en qué se diferencia esto de otros tipos de escritura? Está la escritura creativa, la académica, el ensayo, la descarga emocional, la escritura automática, incluso la canalización… Todas usan la palabra escrita, pero cada una tiene un método, un objetivo y un resultado distintos. El journaling, en cambio, es volver al día. Es hacer cotidiano el acto de dejar huella. No se trata de crear algo grandioso, ni de buscar un impacto espectacular. Se trata simplemente de registrar.

La belleza de lo ordinario
Vivimos en una época que venera lo extraordinario: los hitos, los logros, los momentos sublimes o trágicos que marcan un antes y un después. Pero la vida, la verdadera textura de la existencia, se teje en lo cotidiano. Y entender esto puede quitarnos un peso enorme. Porque nos libera de la exigencia.
El journaling no se trata de escribir algo grandioso, sino de dejar una traza, dejar una huella de lo que ha pasado en el día, en el día a día. Es realmente una práctica muy hermosa, porque es una manera de darle valor e importancia a lo cotidiano y a lo ordinario que constituye realmente la vida. La vida realmente se construye día a día, en los pequeños momentos, en los pequeños hábitos, en los pequeños gestos, en las pequeñas interacciones.
El journaling no pide trascendencia; pide presencia.
Pensemos en ello como un archivo personal. Un archivo que no busca perdurar para la posteridad, sino que se justifica por el simple hecho de que tu existencia, tal como se despliega día a día, merece ser registrada. Para ti. Por ti.
Podemos entender pues el journaling como un archivo de la memoria personal para uno mismo.
El diálogo que se hace tangible
En el journaling uno escribe para sí mismo, uno escribe de sí mismo para sí mismo: es un acto de diálogo interno. Trasladamos nuestro diálogo interno al papel y eso nos permite hacer que este diálogo se externalice y se vea de otra manera. Las ideas a veces difusas, confusas, sueños, proyecciones, iluminaciones, proyectos, etcétera, de pronto cobran una vida, un orden, una estructura, una magia diferente cuando se vuelcan en el papel.
Además, el acto de escribir supone ordenar. La escritura es orden, es linealidad. Es también un acto físico-motor, sobre todo si escribimos con papel en un diario, que activa diferentes zonas de nuestro cuerpo y cerebro. Exige coordinación corporal y sensorial.

El journaling, además, transforma la forma en que dialogamos internamente. Cuando el monólogo interno no se traduce en palabras y no se escribe, es una especie de neblina difusa, de bruma, compleja, densa… y cuando escribimos y mobilizamos el cuerpo, la mano, la vista y organizamos el pensamiento, la neblina de la ruminación se disipa.
Reencontrarse en el tiempo
Lo más hermoso del journaling es, quizás, su propia existencia escrita, dialogar con uno mismo, dialogar con el pasado. Con el journaling empezamos a dejar registro, nos permite dialogar con nuestras diferentes versiones: la versión que fuimos, la versión que somos y la versión que queremos ser. Entonces estamos todo el tiempo accediendo a lo que siento ahora, a lo que sentí antes… cuando puedo leer las páginas que dejé atrás, y a lo que quisiera sentir en un futuro y cómo eso va cambiando y se va transformando.
Cuando revisitamos ese archivo, cuando leemos nuestros diarios, es casi descubrir a una persona. Nos descubrimos de nuevo y vemos la vida que hemos vivido de una manera diferente, porque está la vida que se vive, la vida que se recuerda, la vida que queda marcada en el cuerpo. De esta manera, el journaling permite añadir una capa más a la complejidad de la existencia, pero que nos ayuda, a pesar de que es una capa más, es como una especie de filtro que ilumina y que echa luz ahí donde hay ciertos olvidos o ciertas sombras. Nos permite además ver diferentes patrones, tendencias, ilusiones, cambios, transformaciones internas.
A medida que vamos profundizando en la práctica del journaling, lo ordinario primero cobra una dimensión extraordinaria y nos damos cuenta de cómo lo que quizás en un momento vivimos como algo ordinario, de pronto, o sea, con la nostalgia, se le añade esa dimensión mágica que provoca el recuerdo de un pasado feliz. También nos vamos acercando cada vez a una versión nuestra más sensible, más vulnerable, más observadora, que muchas veces no le damos el permiso de salir o de existir. De pronto, esa versión que sueña, que ríe, que también sufre, que duele, que siente, que piensa con profundidad, que siente con intensidad, de pronto queda reflejada en el papel.
En resumen, el journaling es una práctica que cambia el modo en que nos pensamos y nos conectamos con nosotros mismos.




