En el diez (10) de bastos del Tarot de Marsella, lo primero que llama la atención, común a este palo, es la estructura de la cruz, tanto en el símbolo romano X del número diez, como en la composición de la carta. Se observan bastos cruzados y una disposición de elementos que forman una especie de cruz, reforzada por el número diez. Esto introduce una noción radial, con un punto central del que emergen líneas, pero sobre todo destacan los temas de la cruz, la superposición, la yuxtaposición y el empilamiento.
La cruz como núcleo
En esta carta, los bastos están entrelazados formando una cruz y un rombo, agrupados y apilados. Existe una cruz y un eje vertical central que organiza la estructura. Esta configuración representa definitivamente una situación o un fenómeno con un núcleo fuerte, sólido, entrelazado y estructurado. En él se alternan el rojo y el azul, la sangre y el cielo, formando un núcleo que parece protegido, del cual surgen otros bastos hacia el exterior. Así, hay un movimiento que parte de una energía central, de un entramado bien estructurado y bien hecho, que no depende de un solo nudo o punto, sino que sugiere una red, interdependencia, un entrelazamiento que resulta a la vez estable y flexible.

La flexibilidad de la red y lo vegetal
Esta noción de red persiste, a pesar de que la carta es muy vertical y direccional, con bastos exteriores rectos, rígidos y alineados.
El centro aporta una sensación de organización, estructura e interdependencia, pero también de flexibilidad, apoyo y refugio. De este centro entrelazado, flexible, interdependiente y muy resistente, la energía se proyecta hacia afuera con potencia y verticalidad, aunque con cierta rigidez. Los bastos exteriores parecen dispararse desde el núcleo, transmitiendo una fuerza potente pero algo rígida, sostenida por ese eje vertical central.
Así, la carta sugiere que, mientras el interior de la red ofrece flexibilidad, la acción o proyección exterior podría ser impulsiva, rígida, como una fuerza potente, precisa y organizada. Las hojas que surgen del centro matizan este impulso, añadiendo un carácter más fluido y curvilíneo. Invitan a buscar ese florecimiento interior y a proyectarse hacia afuera sin perder lo vegetal, lo orgánico.
La carta trata, quizás, de la coexistencia de estas dos fuerzas: un centro sólido, flexible, resistente y estructurado, y una capacidad de desempeño lineal y directo hacia el mundo, expresada de manera equilibrada y con idéntica distribución en todos los planos.
Cabe notar que en el centro predomina el azul, mientras que en el exterior domina el rojo: la acción, el fuego. Esto refuerza su significado como una carta de gran capacidad de acción, manifestación, creación y generación, ya que contiene la mayor cantidad de bastos de todo el tarot. Representa la expresión total de la acción, del fuego creador, de la vitalidad.
Estructura, flexibilidad y acción directa
Podemos interpretar, entonces, que el 10 de bastos habla de estructura, interdependencia y flexibilidad en el centro, combinadas con una acción exterior directa, potente, organizada y precisa, guiada por ese eje vertical. También evoca la conjunción equilibrada de dos planos, lo superior y lo inferior, pudiendo referirse a la integración de opuestos: lo divino y lo terrenal, lo mental y lo emocional. Es una carta sumamente equilibrada, con una distribución ordenada de fuerzas en todas las direcciones. Sin embargo, en el centro prevalece esa noción de flexibilidad, resistencia y sostén, que al transformarse en dirección, verticalidad y rigidez hacia el exterior, podría quebrarse. Los bastos exteriores, al no estar entrelazados, son más frágiles; su rigidez los hace susceptibles de romperse.
El diez de bastos habla, por tanto, de un clímax, una cumbre performativa y de un gran esfuerzo creador. Alude a la capacidad de hacer realidad lo deseado, de transformar esa red azul interior, flexible y resistente, en algo palpable, directo y presente, con fuerza, dirección e irradiación. Es una carga que ocupa todo el espacio y se mueve en todas las direcciones. Su esencia es la capacidad creadora en el sentido material: concretar, manifestar, hacer real y objetivo aquello que, en el interior, está entrelazado y unido.
Considero que la energía externa de estos bastos rojos de fuego simboliza la capacidad de convertir cada idea, cada sentimiento, cada proyecto interno, en un bastón, en una línea, en un poste concreto. Es la materialización en algo vertical, visible y presente; algo que se ve, que existe, que irrumpe en el mundo con volumen, capacidad y potencia creadora.



