¿Cómo conectar con la alegría? Para responder a esta pregunta, la siguiente tirada de tres cartas aporta luz para cuando estamos inmersos en un estado donde reina la apatía, el cansancio y el desánimo. ¿Cómo conectar con la alegría cuando el deseo profundo de vivir y de expandirse han desaparecido? El Papa, El Enamorado y La Emperatriz nos ofrecen un mapa de ruta que nos permite atravesar este proceso.
El Papa, El Enamorado y La Emperatriz
Al realizar esta pregunta, uno podría esperar la aparición de cartas como El Sol o La Estrella, vinculadas de manera directa con estados de expansión y gozo. Sin embargo, la salida de estas cartas tiene sentido, si pensamos que la pregunta habla de cómo emprender el camino, cómo transitar de un estado a otro, cómo poner en marcha un proceso… pues evidentemente la alegría no está instalada ni es fácil conectar con ella si nos hacemos esta pregunta.
El Sol y La Estrella solo pueden aparecer si el camino ya está despejado y visible.
Entonces, aún antes de empezar la lectura detallada de las cartas, podemos vislumbrar en su visión conjunta que la respuesta nos habla de un proceso, y no de un resultado final. No hay un camino para la alegría, la alegría es el camino.
El Papa: el discernimiento

La primera carta es El Papa, que nos habla de nuestra capacidad de discernimiento. En el marco de esta pregunta, El Papa es una invitación al análisis, a la reflexión y a la comunicación asertiva. Se trata, en un primer momento, de ser honesto consigo mismo, pensar detenidamente, con el corazón, qué es lo que realmente quiero hacer, qué es lo que realmente siento, qué es lo que realmente pienso, qué es lo que realmente quiero emprender.
Tiene que haber un dialogo interno profundo, honesto, que permita clarificar nuestro sentir personal, lo cual requiere cierto coraje y firmeza. Esta conversación instrospectiva requiere valentía, para permitirnos entrar en contacto con lo que realmente queremos ser, hacer y vivir. En un segundo paso, tenemos que extender ese coraje honesto de ser transparente con uno mismo, hacia el exterior, y ser capaces de relacionarnos con los otros desde un lugar que respete nuestros deseos profundos.
Debemos ser capacer de articular, primero ante nosotros mismos, y luego ante los demás, lo qué deseamos ser y experimentar, pero sin esperar la aprobación externa. El Papa comunica, pero desde una posición de autoridad, que se sostiene en lo interno y personal.
El Papa habla desde el poder y desde la autenticidad. El Papa se impone, transmite, comunica y vive de acuerdo a su visión, aunque en conexión con los otros. No obstante, las interferencias o relaciones externas ocupan un lugar menor frente a su poder personal.
El Papa no se aísla ni pierde su conexión con el mundo, pero no deja que lo externo perturbe su visión y su expresión personal. El Papa no busca la complacencia externa, sino la expresión auténtica de su voluntad.
Podemos resumir pues, que en una primera etapa El Papa nos invita, para poder conectar con la alegría, a reflexionar y actuar con discernimiento y asertividad. La postura puede parecer ligeramente vertical, incluso severa o austera, pero es esto lo que permite existir y actuar desde la claridad y la honestidad interna.
Debemos preguntarnos sin miedo, sin filtros, sin matices ni justificaciones: ¿qué quiero hacer y qué no quiero hacer? Si quiero hacer algo, lo hago. Si no quiero hacer algo, no lo hago. Y explico con claridad mi sentir, mis deseos y mis límites a los demás. El coraje de decir no, a lo que no queremos, el coraje de decir sí, a lo que sí queremos.
El Enamorado: la acción decisiva

En la segunda posición tenemos la carta de El Enamorado. Esta lámina guarda mucha relación con El Papa, pues nuevamente estamos en una situación de intercambio y relación con los otros, pero en esta ocasión, la jerarquía y el juego de roles de los implicados ha cambiado.
Con El Enamorado empezamos de lleno el proceso de la toma de decisiones. El Papa nos hablaba de instrospección y comunicación, pero aquí iniciamos la acción. El Enamorado nos llama a conectar con el fuego interno, con aquello que nos hace vibrar, con lo que nos da felicidad de solo pensarlo, como la flecha del Cupido que nos atraviesa.
Esa flecha está destinada a atravesar las capas de protección del personaje que nos hemos construido para sobrevivir en el mundo y que nos aleja de nuestros deseos profundos. La flecha diluye las expectativas externas, la búsqueda de la recompensa inmediata, la seguridad de las decisiones prudentes y conservadoras… que suelen apagar el fuego interno que nos impulsa a arriesgarnos por lo que realmente deseamos.
El Enamorado toma consciencia de la multitud de opciones, distracciones, exigencias, proyecciones, solicitudes y apariencias externas que lo distraen de su propósito. Entonces, quizás, conectar con la alegría no es necesariamente un proceso que fluya de manera natural o intuitiva, sino que puede suponer un desgarro progresivo de todo aquello que nos aleja de nosotros mismos.
Si no estamos conectados con la alegría, la alegría de vivir, la alegría de existir, de estar en este mundo por un día más… es que estamos desconectados de nosotros mismos. Volver a conectar con la alegría es volver a conectar con uno mismo.
Debemos deshacernos de las muchas capas con las que nos hemos cubierto para sobrevivir. Debemos mirar con honestidad lo que somos y con valentía lo que queremos, y actuar en consecuencia. Ante el cambio que esto supone, habrán resistencias. El mundo se ha acostumbrado a nuestro personaje y no quiere verlo morir.
Con El Enamorado hay que apoderarse con amor, con pasión, con fuego, de esa llama interna que llevamos dentro, y frente a las perturbaciones que vamos a experimentar, tener presente que lo más importante es vivir una vida auténtica.
El Enamorado del tarot de Marsella nos llama a emanciparnos de las solicitudes y requisitos externos que nos confunden y que nos perturban. Hay que crear un espacio para que lo auténtico pueda expresarse y guiarnos hacia la alegría que añoramos. No podemos aspirar a conectar con la alegría, siendo la misma persona y haciendo las mismas cosas que nos alejaron de ella.
La Emperatriz: Expansión y autogobierno pleno

Finalmente, el viaje culmina con La Emperatriz, una figura que encarna la plenitud y el empoderamiento. Es la primera carta de la tirada en la que la protagonista se encuentra sola, un símbolo de autogobierno total y de conexión profunda con su propia autenticidad.
La Emperatriz nos invita a desplegar nuestra energía creativa, a gobernar nuestra vida desde un lugar de alegría y amor propios. En este punto, hemos superado el discernimiento de El Papa y la toma de decisiones de El Enamorado; ahora, es momento de expandirnos plenamente. La alegría, nos recuerda La Emperatriz, es una responsabilidad y un poder que solo nosotros podemos reclamar.
Este arquetipo nos habla del potencial de liderar nuestra vida con autenticidad, sin restricciones ni limitaciones autoimpuestas. Conectar con la alegría implica no conformarnos con medias tintas ni aceptar una vida de felicidad parcial. Es un llamado a irradiar esa energía hacia todas las dimensiones de nuestra existencia, sin miedo a desplegar todo nuestro potencial.
La Emperatriz es esta majestad coronada, en su trono con su cetro, su escudo y sus alas desplegadas. Es un ángel coronado. La Emperatriz es la consolidación del fuego interno, ya una vez hecho el proceso del discernimiento de El Papa y actuado desde la autenticidad de El Enamorado. Con La Emperatriz llega el despliegue total de esta energía. Ella nos dice: una vez que tenemos claro lo que queremos y lo que no queremos; una vez que nos permitimos conectar con esto, llega el momento de desplegar y de apoderarse de esa fuerza.
Hay que asumir el propio autogobierno y conectar con la propia responsabilidad. Solo nosotros somos responsables de nuestra alegría. Nadie más lo es. Nada más lo es. Somos nosotros quienes somos responsables de nuestra alegría y somos nosotros quienes tenemos el poder de conectar con esa alegría y de irradiarla al resto del mundo.
La alegría no viene del exterior, sino de nuestra capacidad de estar atentos a nosotros mismos y a nuestra inmesidad. Al conectar con lo que es auténtico y hermoso en nosotros, podemos conectar con lo que es hermoso y auténtico en nuestro contexto.
La alegría se pierde cuando nos disociamos, cuando huimos de nosotros mismos, de nuestras emociones, de nuestros pensamientos, de nuestras circunstancias. Nos separamos de nosotros mismos y de los demás, producto de un estado de negación y de escapismo, y de control. Vivimos una vida que no nos pertenece, una vida sujeta a las circunstancias, a las exigencias, a las apariencias, a las valoraciones externas…
Vivimos complaciendo lo que nos exige la sociedad, lo que nos exige nuestro país, lo que nos exige nuestra cultura, lo que nos exige nuestra familia, lo que nos exigen nuestros amigos, lo que nos exige nuestra pareja, lo que nos exige nuestra percepción errónea de nosotros mismos, todo aquello que, al final, no se alinea con lo que somos auténticamente.
No basta, pues, con discernir, comunicar, como nos indica El Papa, o con actuar siguiendo nuestras aspiraciones profundas, como nos señala El Enamorado, sino que también, hay que apoderarse de esa energía interna y expandirla, replicarla, sin límites, para desarrollar todo el potencial del que somos capaces.
No debemos conformarnos, ni restringirnos, ni limitarnos a una versión auténtica, pero parcial. El potencial hay que desarrollarlo y desplegarlo, desde el gozo y la expansión máxima. Hay que buscar el empoderamiento total, la expansión total de esa alegría sin miedo. Debemos cultivar la capacidad para amar y para disfrutar de las cosas, las personas, las situaciones y sobre todo, de uno mismo.
El amor, la alegría o la felicidad no deben tener límites restrictivos, debemos expandirlas hacia todas las esferas, hacia todas las dimensiones y hacia todas las áreas de la vida que podamos. No debemos conformarnos con ser felices a tiempo parcial, o con conectar solo a medias con lo que somos y queremos hacer. Y de esto no habla La Emperatriz, del despliegue total del poder de uno mismo, hacia uno mismo, de adentro hacia adentro, y de adentro hacia afuera.
Reconectar con la alegría desde la autenticidad
La alegría no es un estado que nos llega desde el exterior ni un producto de las circunstancias. Es una energía que se cultiva desde adentro, a través de la conexión con nuestra verdad más profunda. Sin embargo, este proceso requiere valentía para despojarnos de las máscaras y condicionamientos que nos alejan de nuestra esencia.
El Papa, El Enamorado y La Emperatriz nos guían en este camino, mostrándonos que la alegría surge del discernimiento claro, del fuego interno y del autogobierno pleno. No hay atajos ni soluciones inmediatas: conectar con la alegría requiere un compromiso con nuestra autenticidad y con la responsabilidad de vivir plenamente.
Como nos enseña esta tirada, la alegría no es solo un objetivo, sino un estado que se despliega cuando tenemos el coraje de ser quienes realmente somos.




