La pregunta sobre cómo lidiar con la tristeza nos lleva a explorar un estado profundo y humano que no siempre es fácil de aceptar. La tristeza, ese dolor que a veces parece envolvernos, puede surgir de múltiples áreas de la vida: sentimental, profesional, familiar, o incluso de un conjunto de situaciones que no ocurren como desearíamos. En estos momentos, ¿Cómo podemos enfrentarlo? ¿Qué hacer cuando estamos tristes?
El tarot nos responde con La Templanza, El Colgado y El Sol. La carta central, El Colgado, nos sitúa en el corazón del proceso, indicando que no hay atajos frente a esta experiencia emocional. La tristeza no es algo contra lo que debamos luchar o transformar de manera forzada, sino un estado que necesita ser aceptado y vivido en su totalidad.
El Colgado: aceptar lo incómodo

El Colgado nos habla de un momento de aceptación profunda. No hay atajos frente a este sentimiento.
Es una posición incómoda, incluso dolorosa, pero que invita a observar con los ojos abiertos y a permanecer en ese estado con tranquilidad y pasividad. Muchas veces, el dolor no proviene únicamente de los eventos en sí, sino de la resistencia que oponemos a aceptarlos tal como son. Queremos cambiarlos, controlarlos, transformarlos, pero El Colgado nos recuerda que hay circunstancias que nos superan y escapan de nuestro control. Este arcano sugiere que debemos aceptar no solo la tristeza, sino también las situaciones que la originan.
En estas situaciones, la clave no es la lucha, sino la observación. No se trata de resignación, sino de reconocer nuestra impotencia frente a aquello que no podemos cambiar y aceptar tanto el dolor como el malestar que esto nos genera.
El Colgado, como su nombre lo indica, está suspendido desde arriba. Esto crea un juego entre lo alto y lo bajo, entre lo terrenal y lo celestial, entre lo humano y lo divino. En esta dinámica, es importante entender el papel que desempeñamos en estas dimensiones que se complementan: por un lado, la dimensión del presente, más terrenal, en la que experimentamos la tristeza; y por otro, una dimensión más amplia, que nos contiene y que está conectada con lo superior, con lo divino, con lo celestial. A través del dolor y la tristeza, podemos acceder de manera directa a esta dimensión superior. Es decir, el dolor puede ser una forma de comunicarnos con lo más esencial, lo más auténtico y lo más elevado de nosotros mismos.
Aceptar la tristeza para ver con claridad
Asimismo, dejar que la tristeza se exprese, es permitirnos ver y sentir aquello que nos daña, lo que nos hace mal y que no está alineado con nuestras aspiraciones profundas. Huir de la tristeza, es acallar el grito profundo de nuestro interior, que nos alerta de aquello que no va bien. La tristeza puede ser una forma de resonar con nosotros mismos y de conectar con lo que verdaderamente importa en nuestra vida.
El Colgado del tarot de Marsella nos invita a no escapar del dolor, sino a observarlo, sin ser arrastrados por él. La aceptación de la emoción y de las situaciones, así como la ternura y la paciencia hacia uno mismo son claves en este proceso. Dejemos que la tristeza nos muestre el camino hacia un futuro más auténtico y coherente con nosotros mismos.
La Templanza: el flujo de la vida

A la izquierda de El Colgado, encontramos La Templanza, que nos habla de fluir, de permitir que las cosas ocurran tal como deben ocurrir, sin buscar intervenir en el proceso. Este arcano nos invita a respetar el ritmo de la vida, a observar con calma tanto la situación que nos genera tristeza como la propia emoción en sí.
La Templanza nos recuerda que todo es parte de un intercambio, de un flujo interno y externo que no debemos bloquear. En momentos de tristeza profunda, lo más importante es dejar que la emoción fluya, que logre expresarse para que no quede atrapada en nuestro cuerpo o en nuestro inconsciente. Hay que dejar que la tristeza nos embargue, en un estado de aceptación y observación. Cuando el dolor nos atraviesa con toda su intensidad, se libera, no se queda estancado y se queda fuera.
No debemos apegarnos al dolor, pero tampoco a la voluntad de querer estar bien, feliz y contento a toda costa. ¿Cómo estar bien cuando todo se derrumba alrededor nuestro? Aceptemos, respiremos y esperemos que pase la tormenta. Luego vendrá el tiempo de reconstruir desde la calma.
La armonía y el equilibrio que representa La Templanza en el tarot de Marsella nos invitan a respetar el flujo de los eventos, aunque no entendamos su significado en el momento. Querer comprender todo, encontrar una explicación lógica o una causa precisa para nuestra tristeza, es a menudo un intento de control. Pero la voluntad de controlar no tiene lugar aquí. No necesitamos entenderlo todo. A veces, simplemente debemos aceptar que estamos dentro de una dinámica mayor, un flujo de vida que nos contiene y que no podemos dominar.
Lidiar con la tristeza: dejar ser
La tristeza no es un problema a resolver, es una emoción a experimentar, que nos trae un mensaje que debemos saber escuchar. No estamos ni por encima, ni por debajo, estamos dentro.
Tenemos que darnos el permiso de estar mal, de sentir tristeza. A veces, podemos intentar modificar una situación, pero es fundamental preguntarnos si realmente debemos cambiarla o si, por el contrario, lo que necesitamos es dar un paso atrás, observarla con detenimiento y aceptar que lo que está ocurriendo nos causa tristeza y malestar. Y eso está bien. Al final, La Templanza, representada simbólicamente por un ángel con las alas desplegadas, apunta hacia una conexión con lo divino, con lo trascendente, con algo superior que, de alguna manera, también está presente en la carta de El Colgado.
Por eso, es necesario permitirnos sentir esa tristeza, respetarla y aceptarla, ya que estas emociones son una ventana, una vía de acceso directo a nuestro yo más profundo, auténtico y trascendental. Debemos vivir esta tristeza como una oportunidad para ver con claridad, como lo hace El Colgado: qué es lo que realmente nos duele, qué es lo que necesitamos, qué es lo que nos interesa y qué es lo que queremos en la vida. El dolor, de manera clara y evidente, nos muestra aquello que realmente nos importa. Por eso, es crucial respetar este flujo, este vaivén de altos y bajos, porque es lo que nos permite reconectar con lo que es verdaderamente importante.
El Sol: la luz al final del proceso

Finalmente, El Sol, a la derecha de El Colgado, nos recuerda que la tristeza es pasajera. Aunque ahora parezca eterna, densa y abrumadora, es un estado temporal. Este arcano nos habla de conexión con pequeños momentos de alegría, de gratitud y de confianza en que este proceso tiene un final.
El Sol nos habla, entonces, de conectar con esa luz que está presente en nosotros y en los demás. Es como esos niños que juegan, que se tocan, que están contentos sin buscar nada más allá. El Sol nos invita a conectar con esos pequeños placeres, con esos momentos de gozo, y con la gratitud y la confianza en el ciclo de la luz solar. Incluso en la tristeza más profunda, hay un espacio de luz. En esos momentos, cuando vemos la carta de El Sol con sus dos personajes, nos damos cuenta de que, incluso en la tristeza, somos conscientes de las personas que están ahí para ayudarnos. A veces son personas muy cercanas, otras veces un desconocido, o incluso personas que estuvieron ahí en el pasado y fueron fuente de felicidad en algún momento. Podemos rescatar y reconectar con esa energía, aunque ya no esté presente de manera física.
El Sol: la alegría de lo cotidiano
El Sol en el tarot de Marsella nos invita a buscar luz en los detalles: en los gestos de quienes nos rodean, en los momentos de gozo que todavía podemos experimentar, por pequeños que sean. Esta carta nos conecta con la presencia de lo que es bueno, bello y luminoso en nuestra vida, incluso en medio de la tristeza. También es un recordatorio de que, cuando la tristeza se disipe, podremos conectar con el optimismo, la realización y la alegría de una manera más profunda y auténtica.
El Sol es un recordatorio del carácter transitorio de las situaciones, al igual que lo marca La Templanza con su intercambio de vasijas o la aceptación de El Colgado. Es decir, hay un fin. La tristeza es un estado de ánimo, y por naturaleza, es temporal. Por eso, es importante reconocer que, aunque en el momento en que la tristeza y el dolor nos embarguen, puedan sentirse tan profundos, tan abismales e incluso eternos debido a lo pesado y denso que se perciben, no debemos olvidar que son pasajeros.
La tristeza y el dolor son transitorios y tienen un fin, tanto la situación que los origina como nuestra conexión y percepción de ese estado. Por eso, es necesario aceptar, vivir y desgastar esa tristeza, porque tiene un final. No debemos forzar las cosas ni negarlas, ya que esa energía, ese estado de ánimo, debe vivirse y consumirse por completo. Una vez que se ha consumido, una vez que se ha desgastado esa energía, podremos entonces, con tranquilidad, reconectar con El Sol, con la luz, con la alegría y con el juego.
La tristeza como oportunidad de transformación
Esta tirada nos invita a vivir la tristeza como una oportunidad de conexión con lo más esencial y trascendental de nosotros mismos. El Colgado nos lleva a mirar de frente el dolor, a comprender qué es lo que realmente nos importa. La Templanza nos invita a fluir con el proceso y a respetar el ritmo de la vida. Y El Sol nos recuerda que, aunque el dolor sea profundo, la luz siempre regresa.
Aceptar la tristeza, vivirla plenamente y dejar que nos atraviese es un acto de profundo respeto hacia nosotros mismos. Es reconocer que este estado forma parte de un ciclo mayor, de una dinámica de altos y bajos que nos permite avanzar por la vida con más claridad y autenticidad. Porque solo al aceptar el dolor podemos descubrir lo que realmente necesitamos, lo que verdaderamente importa, y abrirnos nuevamente a la luz.




