La carta de El Colgado es una carta muy particular dentro de los arquetipos del Tarot de Marsella. Es interesante abordarla comenzando por mirarla al revés, ya que, cuando la colocamos de manera invertida, observamos el personaje «al derecho».
Al mirarla así, se nos presenta un hombre más bien alegre, en una postura que podríamos interpretar como un movimiento de baile.
Mirar El Colgado al revés
A su alrededor hay dos árboles con copas verdes que enmarcan la escena, y el hombre parece estar suspendido en un salto o un movimiento controlado, a pesar de estar atado por una cuerda al suelo.
Este detalle nos permite percibirlo como alguien que, a pesar de la atadura, logra trascender, subir, saltar o bailar, manteniendo una postura de equilibrio.


Esta forma de observar la carta rompe con la interpretación clásica que asocia la posición invertida con un significado opuesto. En lugar de limitarse a esta dualidad, sugiere que ambas posturas, la clásica y la invertida, contienen un diálogo simbólico: una dimensión que incorpora tanto lo que está al derecho como lo que está al revés.
Por eso, resulta interesante iniciar su interpretación viéndola invertida, pues en esta posición revela una alegría contenida y un movimiento de ascensión que, aunque sujeto por la cuerda, está cargado de control y estabilidad.
Lo que está arriba, está abajo
Cuando colocamos la carta en su postura clásica, esta dimensión de ligereza y alegría se suma a la imagen del hombre colgado, quien, lejos de parecer agobiado, transmite aceptación. Su figura nos recuerda que lo que está arriba puede estar abajo, y lo que está abajo puede estar arriba.
La carta, entonces, nos habla de la inversión de situaciones, de la necesidad de cambiar la perspectiva con la que enfrentamos los acontecimientos.
Aunque El Colgado está en una posición incómoda, que podría interpretarse como una forma de castigo, su expresión y postura no reflejan sufrimiento. Esta aceptación convierte la incomodidad en un ejercicio de paciencia.
El Colgado: cambiar el enfoque
La carta invita a mirar lo que está sucediendo desde otra perspectiva y a cambiar el enfoque con el que enfrentamos las dificultades. En su esencia, representa una pausa, un estado de inacción donde transformar la situación o avanzar no es una urgencia. De hecho, el cambio no depende de El Colgado, ya que sus manos no son visibles, posiblemente están atadas o simplemente ocultas, reforzando la idea de que el desenlace está fuera de su control.
Además, el pie derecho es el que sostiene a El Colgado, mientras que el izquierdo está flexionado. Este detalle, junto con la expresión de calma en el rostro y el cabello suelto, sugiere que, aunque su cuerpo está atado, su mente permanece libre. Los árboles que flanquean al personaje aportan un equilibrio visual que compensa la aparente gravedad de la situación.
¿Cuál es la historia de El Colgado?
Podemos imaginar una historia detrás de esta carta. Hay una razón por la que este hombre está colgado, una causa que lo llevó a esta posición. Sin embargo, así como hubo un inicio, habrá también un fin.
Esta idea genera una sensación de alivio contenido, un recordatorio de que las situaciones, por más complejas que sean, son transitorias.
Pausa y reflexión
En definitiva, El Colgado nos habla de aceptación y de la importancia de cambiar de perspectiva. Invita a la paciencia y a la constancia, mostrando que la resolución no siempre está en nuestras manos y que, a menudo, el desenlace llega por su propio peso.
Este estado de espera no es una resignación pasiva, sino una forma de conectar con el alivio y la serenidad de quien confía en que todo tiene un tiempo para suceder.

