La carta de El Enamorado es profundamente enigmática. En ella aparecen varias figuras que evocan de manera evidente el tema del amor; sin embargo, este no se presenta como un amor cortés, ni romántico, ni platónico.
Se trata, más bien, de un dilema: el amor entendido como decisión, como fuerzas opuestas que perturban al personaje central. Este dirige su mirada hacia una mujer, pero su cuerpo apunta hacia otra.
En este contexto, aparece una cuarta figura, el Cupido, quien, con un carácter solar, interviene desde lo alto de este juego de decisiones y discernimiento, guiando finalmente la resolución.

El enamorado en el tarot: entre el deseo y la cordura
Probablemente sea una de las cartas más enigmáticas del tarot debido a la complejidad de la escena y a las múltiples capas de interpretación que encierra. En el centro de esta representación encontramos a un personaje masculino de cabello largo que lleva un traje donde se combinan todos los colores de la escena. Toda la complejidad recae en él: está frente a dos opciones, representadas por dos mujeres.
Por un lado, la primera mujer, más joven y hermosa, lleva una corona de flores en la cabeza. Ella lo toca, lo abraza y parece poseerlo, estableciendo contacto con sus manos, mientras el cuerpo del hombre se dirige hacia ella.
Por otro lado, la segunda mujer, más madura, luce una corona de hierbas que podría asociarse al laurel, símbolo del triunfo, la madurez y la sabiduría. Esta figura, en contraste, presenta una mirada y un gesto pausados, más conectados con la serenidad y la reflexión.
A pesar de que el hombre dirige su cuerpo hacia la mujer joven, su mirada se encuentra con la de la mujer madura. Esta última no tiene un rostro feliz, pero, de hecho, ninguno de los personajes de la carta expresa felicidad, lo cual es algo común en las imágenes del tarot. La mujer madura toca al hombre con una mano sobre el hombro y extiende la otra en un gesto de entrega.
Así, se dibujan dos direcciones: una que sigue el deseo del cuerpo y otra que responde al llamado de la cabeza. Además, la joven lleva la mano al corazón, mientras la mujer madura coloca la suya en el hombro, un gesto que puede interpretarse como una guía hacia la tranquilidad y la cordura.
Cupido: la flecha del corazón auténtico
En la parte superior de la escena, el Cupido representa una fuerza superior externa. Los personajes de la escena parecen ignorar su presencia, reforzando su carácter inconsciente o trascendental.
En la mitología, Cupido es conocido por actuar de manera independiente a la voluntad de las personas. En esta carta, se le representa con la flecha lista para ser disparada, apuntando hacia la mujer joven, en dirección al corazón del hombre. Sin embargo, el Cupido no mira a ninguna de las dos mujeres, sino al personaje central, quien toma la decisión.

En ediciones más antiguas del tarot, este Cupido aparece a veces con los ojos vendados, detalle que no se incluye en el modelo clásico del tarot de Marsella, pero que es significativo. Este elemento indica que, aunque el proceso de discernimiento implique una lucha entre la emoción y la razón, la decisión final trasciende nuestra voluntad consciente. Existe una fuerza superior, trascendental y ciega que interviene y decide. Es la flecha de Cupido, a punto de atravesar el corazón, la que simboliza esta intervención definitiva.
La posición celeste en El Enamorado y otros arcanos del Tarot de Marsella
Este Cupido está, además, estrechamente vinculado con la carta de El Sol y con el ángel del llamado de la carta de El Juicio. Al colocar estas tres cartas en línea, El Enamorado, El Sol y El Juicio, se evidencia la presencia de una luz superior, una fuerza solar potente que guía a los personajes hacia una verdad más auténtica. Incluso en la carta de La Luna, esta luz, aunque reflejada, sigue siendo la del sol. En todas estas cartas, hay un llamado hacia lo trascendente, hacia una conexión más profunda con lo auténtico y superior.
Sin embargo, lo que hace única a El Enamorado respecto al resto es que la conexión con esta fuerza superior no se presenta únicamente como una luz o un llamado. Aquí, esa fuerza toma forma de flecha, una fuerza metálica que atraviesa directamente el corazón. Es una conexión mucho más directa, mucho más incisiva. En las otras cartas, la luz irradia e ilumina a los personajes desde lo alto, pero en esta carta, esa fuerza no solo guía, sino que penetra, transformando y marcando profundamente al individuo.
La flecha del Cupido de El Enamorado, no solo ilumina, sino que provoca dolor y desgarramiento; sin embargo, ese mismo dolor es el que finalmente ilumina el cuerpo entero y lo conecta con el fuego interno, con una capacidad profunda y una energía pura que podríamos llamar amor, en sintonía con el título de la carta.
El Enamorado: una invitación a la honestidad del deseo
Así, El Enamorado se convierte en un símbolo de transformación: nos enfrenta a decisiones difíciles, guiadas por una fuerza superior que nos trasciende, pero que nos conecta con lo más profundo y auténtico de nosotros mismos.
En esencia, El Enamorado plantea siempre una situación enigmática y compleja, en la que se presentan múltiples opciones que requieren un análisis exhaustivo. Sin embargo, lo realmente importante en esta carta no está en los elementos inmediatos, sino en su conexión con una realidad trascendental.
Es una invitación a conectar profundamente con el corazón y con una energía interna que supera los análisis racionales.
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